Después de numerosos premios, entre ellos el
Príncipe de Asturias en 2001, la escritora británica
ha conquistado el Nóbel. En esta página fundimos dos
entrevistas en las que habla del feminismo y, desde
luego, de su trabajo.
Nació en Irán, creció en la antigua Rhodesia (hoy
Zimbabwe) y alcanzó fama mundial en Gran Bretaña,
donde vive hoy. Comunista y feminista, Doris Lessing
(1919) fue durante décadas la voz de los sin voz en
África. Y sigue siéndolo, como sucede, por ejemplo,
en su libro Risa africana (Plaza & Janés,
2001), en el que vuelve a recorrer los paisajes de
su vida.
¿Se considera
comunista y feminista?
No soy comunista.
Aquí tenemos un dicho: "Todo el mundo ha sido
comunista, pero nadie lo es". ¿Feminista? Nunca he
conocido una mujer que en parte no lo fuera.
¿Qué opinión le
merecen las actitudes feministas actuales?
Pienso que el
fervor de los sesenta ha sido asimilado por la
cultura, y que no se recuerda que los sesenta
coincidieron con la píldora y la invención de la
lavadora. Las jóvenes de hoy no caen en que son la
primera o tal vez la segunda generación de mujeres
liberadas del miedo de los embarazos no deseados. Y
esa liberación ha sido debida a la ciencia, no al
feminismo.
Para las feministas, su libro El cuaderno dorado es
uno de los grandes textos emancipadores de los
setenta. Sin embargo, usted las ha llamado engreídas
y fariseicas, demasiado prestas a "denigrar" a los
hombres. ¿Las ha traicionado?
No soy una especie de traidora a la causa.
Siempre he pensado igual. Es simplemente que, como
cualquier obseso político, las feministas tienden a
valerse de cualquiera que considera uno de ellos.
Siempre me describen con opiniones que jamás en mi
vida he mantenido.
¿Envejecer le ha obligado a reconsiderar antiguas
creencias?
Reconsideras tu
vida conforme la vas viviendo, de la misma forma que
si estuvieras escalando una montaña y continuamente
vieras los mismos paisajes desde distintos puntos de
vista.
Nace en Persia, crece en Zimbabwe, publica en
Inglaterra: ¿autora británica o colonial?
Me considero una
escritora de este tiempo. El Reino Unido está lleno
de escritores con experiencia colonial y ahora viven
aquí. ¿Importan algo las etiquetas?
Gordimer, Soyinka, Walcott, Rushdie, usted... ¿a qué
se debe que la escritura postcolonial nos ofrezca
tantos grandes escritores?
Cada uno de los que
usted ha nombrado ha tenido una experiencia muy
diferente. Gordimer es una surafricana que no ha
vivido fuera de su país; Soyinka es totalmente
nigeriano; Walcott es un autor no británico criado
dentro de la tradicion literaria británica, como
Naipaul y Rushdie... No se puede decir por qué o
dónde emerge el talento.
¿Por qué le interesa
tanto Virginia Woolf?
Era una feminista
muy inteligente y sutil y una escritora excepcional.
¿Y los rusos, Dostoievski, Tolstoi, Chejov...?
Han tenido una
influencia enorme en la literatura de este país:
representan el punto más alto de la novela. Y no ha
mencionado a Gogol, tal vez mi favorito. La
descripción de Tolstoi de los campesinos y la
actitud del servicio secreto hacia ellos reflejaba
cuanto veía a mi alrededor en África.
Ha destruido algunos de sus manuscritos. ¿Destruiría
o cambiaría algo de lo que ya ha publicado?
He destruido un par
de manuscritos que no funcionaban. A menudo también
destruyo los comienzos de historias o novelas que
entiendo que no tienen vida después de las primeras
páginas. Es un gran misterio, ¿por qué unas
historias tienen vida y otras no?
¿Fue doloroso
escribir Los diarios de Jane Somers?
¿Por qué tenía que
ser más doloroso que escribir cualquier otra cosa?
Me involucré en los problemas de mujeres muy
ancianas y pobres. Escogí como protagonista una
mujer con una experiencia muy limitada y muy
convencional. Me encontré con una mujer que decía
que había tenido unos padres maravillosos, una
infancia feliz, un matrimonio perfecto, unos hijos
adorables y dinero suficiente para comprar lo que
quisiera. Su marido murió de repente y entonces se
convirtió en un ser humano.
En sus novelas todo parece autobiográfico...
Todos los
escritores se sienten un tanto malhumorados cuando
se dice algo así. Todo es autobiográfico y así debe
ser, pero nada lo es. Yo he escrito autobiografía en
mis dos volúmenes de memorias.
¿Qué les diría a quienes creen que alcanzó su mejor
momento con El cuaderno dorado?
Para otros,
Canta la hierba es mi mejor obra, sobre todo
para los que prefieren los relatos breves. El
cuaderno dorado es un libro de su tiempo.
Intenté capturar el alma de su tiempo, y creo que lo
conseguí.
¿Por qué el tiempo es tan importante en su trabajo?
Porque es
importante en mi vida. Debo haber nacido escuchando
los sonidos del "carro alado del tiempo"...
Al leer Risa africana parece que en Zimbabwe nada ha
cambiado, o que lo ha hecho para peor...
Es el recuerdo de
mi visita a Zimbabwe, escrito mucho tiempo después,
cuando no se me permitía la visita al país durante
el gobierno del viejo régimen. Todo ha ido de mal en
peor allí, sí...
¿Es una novela, un
libro de viajes, un ensayo, un documental...?
Una novela, no.
Libro de viajes, si le gusta; y, ciertamente, es
político y sociológico.
De alguna forma me
recuerda a Lejos de África de Isak Dinesen...
No creo que sea
como Lejos de África: Dinesen recordaba en la
tranquilidad, mucho después de que ocurrieran los
acontecimientos —y su libro es una concentración de
acontecimientos— y no es eso precisamente lo que yo
intentaba conseguir con mi libro.
Está escrito como si se tratara de un "Álbum
fotográfico". Esa fragmentación ¿refleja cómo los
europeos concebimos África?
Intentaba mostrar
los contrastes, las contradicciones, la ambigüedad
que representaba Zimbabwe, en continuo cambio.
Leyéndolo, he sentido que todo estaba mejor cuando
el poder estaba en manos de los blancos...
No soy la única que
piensa que bajo el gobierno de los blancos se vivía
mejor, muchos negros también lo piensan y lo dicen,
pero ése no es el tema. La situación no podía
continuar con una minoría blanca gobernando a una
gran mayoría negra. Tal como me dijo un negro que
estaba en el gobierno, "puede que sea un desastre,
pero es nuestro desastre".
Aunque escribe sobre Zimbabwe, la situación no es
local, es global.
Sí, es global, en
el sentido de que muchos de los problemas de
Zimbabwe son generales, especialmente los de índole
ecológica.
En The sweetest dream usted hace una crónica de la
generación hippie, del activismo en los años
sesenta. ¿Le desanima que los jóvenes parezcan
políticamente mucho más apáticos hoy en día?
No. Es mejor que
esos grandes y apasionados movimientos de cruzada.
Es mejor a que todos vayan de un lado para otro
siendo comunistas y cosas por el estilo. La gente
siempre idealiza los sesenta, pero hubo muchas
víctimas, gente que entraba y salía de clínicas
psiquiátricas, y esas cosas. Mi diagnóstico personal
es que fue la influencia de las guerras; los jóvenes
de los sesenta eran hijos de la guerra, por eso fue
una época tan difícil. Después llegaron las drogas,
que no fue lo mejor que ha sucedido en Inglaterra.
¿Se drogó alguna vez?
Fumaba marihuana,
como todos. Y esnifé, pero no me sentaba bien.
También tomé mescalina una vez. Interesante, pero no
volvería a hacerlo. Soy demasiado cobarde. Una amiga
mía la tomó, y se pasó todo un año viendo cabezas
cayéndose de los hombros, y sangre por todas partes.
¡Todo un año! Si tomas estas drogas, pierdes el
control. Y yo siempre he necesitado mantener el
control.
Además de novelas,
usted ha escrito ensayos, poesía, ópera y teatro.
¿Por qué escribe tanto?
No sé por qué tengo
que escribir. Si no escribo un buen rato, me pongo
muy irritable. Si tuviese que parar, probablemente
empezaría a vagar por las calles, contándome a mí
misma historias en voz alta. Llevo toda mi vida
trabajando. Tienes que hacerlo si quieres que las
cosas se hagan. Hoy en día hay mucho talento para la
escritura, pero muy pocos parecen dispuestos a
perseverar.