16 de octubre de 2007

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China:

Los costos sociales del "comunismo de mercado"

 

La reforma política en China

Xi Jinping se perfila como sucesor

Debate por los costos del modelo

Comienza un segundo ciclo político

Los costos sociales del "comunismo de mercado"

 

 

 

La reforma política en China

 

China seguirá adelante con su reforma política y hará frente a las crecientes presiones sociales, pero sólo con el Partido Comunista Chino (PCCh) firmemente a cargo, dijo hoy el presidente Hu Jintao en la inauguración de la reunión quinquenal del partido, en la cual también hizo un llamado a apoyar su "concepto científico de desarrollo" e hizo un exhorto para llegar a "un acuerdo de paz" con Taiwán.

"Debemos conservar el papel del partido como el centro de liderazgo que dirige la situación general", señaló Hu en un discurso ante más de 2,200 delegados.

El 17 Congreso consagrará los lemas de Hu y nombrará a los posibles sucesores en una muestra de unidad del partido que gobierna a más de 1,300 millones de personas y a la cuarta mayor economía del mundo.

"Castigar con resolución y prevenir con efectividad la corrupción influye en el respaldo popular para el partido y en su misma sobrevivencia, y es por lo tanto una importante tarea política de la que el partido debe ocuparse todo el tiempo", enfatizó el presidente. Desde que sucedió a Jiang Zemin como jefe del PCCh en 2002, Hu ha promovido una "sociedad armónica".

Ese lema y "la perspectiva científica del desarrollo" de Hu, que busca balancear crecimiento con sustentabilidad ambiental, quedarán escritos en los documentos del partido, lo que constituye una victoria para el presidente en un país donde con frecuencia ocurren crisis ambientales por lluvias y explotación minera.

En su discurso de más de dos horas ante un auditorio que en el fondo tuvo el símbolo de la hoz y el martillo, Hu indicó que continuará buscando el camino de un mayor crecimiento equilibrado.

"Aplicaremos el sistema de responsabilidad para conservar energía y reducir las emisiones. Nuestro crecimiento económico se concretó a un costo excesivamente alto de recursos y para el medio ambiente", agregó.

"El pronóstico científico de desarrollo coloca el desarrollo como esencia, poniendo a la gente en su centro, y un desarrollo que sea equilibrado y sustentable en la base de su requerimiento", declaró Hu.

China conseguirá cuadruplicar para 2020 el PIB registrado en 2000, según Hu, quien señaló que al alcanzar ese objetivo la nación habrá logrado edificar de forma integral una sociedad modestamente acomodada. Esta meta fue trazada por la anterior cita quinquenal de los comunistas chinos, celebrada en 2002.

El PCCh plantea acelerar el desarrollo de actividades de utilidad social para mejorar la vida del pueblo en todos los aspectos y elevar el número de puestos de trabajo; se compromete también a dejar establecido un sistema de seguridad social con cobertura para la población urbana y rural con el fin de garantizar la manutención básica.

También otras de las metas es lograr una distribución racional y ordenada de los ingresos, de manera tal que las personas de renta media representen la mayoría y la pobreza absoluta sea eliminada en lo fundamental.

Asimismo, Hu hizo un "llamado solemne" a los líderes de Taiwán para "discutir un fin formal al estado de hostilidad entre las dos partes" y llegar a un acuerdo de paz.

Asumiendo una línea más suave que Zemin durante el anterior congreso en 2002, no profirió la acostumbrada amenaza del uso de la fuerza en caso de que Taiwán deje estancadas las conversaciones o declare formalmente la independencia.

Sin embargo, dijo que "las fuerzas independentistas" están aumentando sus actividades separatistas y amenazan seriamente "el desarrollo pacífico de las relaciones" entre las partes.

Taiwán, por su parte, replicó que es China la que amenaza la paz bilateral: "No hablaremos nunca con un régimen que reprime al Tíbet, que mata a su propia gente y apoya al gobierno militar de Myanmar", declaró el vocero del gobierno taiwanés, Shieh Jhy Wey.

De su lado, Estados Unidos acogió favorablemente el llamado mediante una declaración hecha por uno de los portavoces de la Casa Blanca, que la calificó como un paso en la "dirección correcta".

El congreso del PCCh, debe además elevar al buró político a una nueva generación de dirigentes que puedan asumir el timón del país a partir de 2012, cuando Hu Jintao deje su cargo.

El secreto en torno a quién ocupará los altos puestos desató el debate de hasta qué punto Hu Jintao es hoy influyente en China, a cinco años de haber asumido la presidencia.

Informes no confirmados aparecidos en medios extranjeros señalaban que el político, de 64 años, no podrá colocar en la poderosa Comisión Permanente a tantos aliados como habría deseado, ni siquiera a su candidato para la sucesión, el jefe de partido de Liaoning, Li Keqiang, de 52 años. Todo apunta a que será ascendido, pero sólo a candidato para ocupar el puesto de primer ministro.

 

Xi Jinping se perfila como sucesor

 

 

Se considera, sin embargo, que otro político tiene muchas más posibilidades para suceder a Hu: se trata del nuevo jefe de partido de Shanghai, Xi Jinping, de 54 años, al parecer aceptado por todas las facciones.

Su predecesor, el ex miembro del buró político, Chen Liangyu, fue depuesto en medio de un escándalo de corrupción que empañó a varios militantes.

Según informaciones no confirmadas, Chen será ascendido al noveno puesto de la Comisión Permanente y nombrado vicepresidente en marzo. El vicepresidente actual, Zeng Qinghong, no se ha retirado, a pesar de que con 68 años ya debería haberlo hecho. Después del jefe de Estado y partido, nadie tiene tanta influencia como él, considerado un estrecho confidente del ex presidente Jiang Zemin.

El PCCh fue fundado en 1921 y desde 1949, año en que se instauró la República Popular China, es el único partido del país. Su potestad de liderazgo absoluta está recogida en la Constitución.

En su calidad de soberano de la nación, el partido se sitúa en la práctica por encima de la Carta Magna y del pueblo.

El Congreso del PCCh da su aprobación a los cambios en la dirección ideológica del instituto político que llevan tiempo desarrollándose y elige al Comité Central, la más alta autoridad dentro del partido, que se reúne una vez al año.

 

Debate por los costos del modelo

 

Oscar Raúl Cardoso

Clarín

 

Todo sugiere que ha llegado en China -tercera potencia económica global- la hora de la "armonía social", parte central de la teoría del "desarrollo científico". Ambos principios fueron acuñados por el presidente y titular del Partido Comunista Chino (PCCh), Hu Jintao, y desde los próximos días se sumarán a la Constitución partidaria, igual que muchas de las ideas que constituyen el legado de Mao Ze Dong.

Hu -quien ayer inauguró en Beijing el 17ø Congreso del PCCh, gran mojón político quinquenal- aparece con esta decisión del Comité Central destinado no sólo a gobernar otros cinco años sino a ver sumado su nombre a la lista de los grandes líderes ideológicos que se inicia con Karl Marx y Lenin y se prolonga con Mao, Deng Xiaoping y Jiang Zemin. Como en los tres casos precedentes, esta forma de ser elevado al Olimpo constitucional supone también asegurarse mayor control político y respaldo para las políticas concretas.


¿Toca así Hu su cielo personal con las manos? Su próximo período está asegurado y las condiciones parecen ser mejores que las del anterior, quizá porque la elección de un nuevo Comité Central le permitirá reducir la influencia que aún conserva su predecesor, el octogenario Jiang Zemin, desde un retiro parcial. Pero tampoco conviene, como se verá enseguida, llegar a conclusiones simplistas.

Primero conviene recordar, de modo sucinto, que son ambos latiguillos. La "armonía social" es la visión que imagina una China sin asimetrías tan profundas entre regiones y sectores sociales, particularmente entre los de las grandes ciudades -que concentran el grueso de los frutos del crecimiento chino- y una población rural aún mayoritaria (60%) a la que el milagro económico puesto en marcha en 1989 parece haber dejado atrás.

El "desarrollo científico" traduce la convicción de Hu y los suyos de que es posible mantener las tasas de crecimiento que transformaron a China, en especial a partir de este año, en el más reciente de los grandes milagros económicos de la historia y a la vez reducir todos los efectos depredadores que siempre conlleva ese éxito. Las asimetrías sociales son apenas una parte del problema; el daño ecológico que es parte del precio del crecimiento es la otra prioridad que debatirán esta semana los más de 2.000 delegados que participan del congreso.

Además Hu quiere relanzar la lucha contra la corrupción y generar un mayor grado de participación democrática, aunque en esto último la advertencia de que "no se deberá perturbar el liderazgo del PCC" hace que las esperanzas de un cambio significativo sean mínimas.

Todo sugiere que las polémicas sobre los costos sociales, del medio ambiente y de los privilegios del partido no están agotadas. Hu quería en esta oportunidad consagrar como miembro del sexteto más importante en la estructura de mando partidaria a quien podría ser su sucesor en el 2012, Li Kegiang, un dirigente provincial. Pero quizá se vea forzado a otorgar el mismo espacio a Xi Jingping, hombre que gobierna hoy Shanghai, al que se identifica como cercano a Jiang Zemin, iniciando una competencia por el futuro liderazgo.

Está visto que en China ni el rango constitucional concede de modo automático el paraíso.

 

Comienza un segundo ciclo político

 

Sergio Cesarin

Clarín

 

La evolución de China será materia de análisis internacional a partir del XVII Congreso del Partido Comunista que se inicia hoy en Beijing. Las especulaciones enuncian el comienzo de un segundo ciclo político liderado por el presidente Hu Jintao, durante el cual algunos de los errores cometidos durante su primer período tratarán de ser enmendados habida cuenta de los escasos logros alcanzados.


En primer lugar, las expectativas del presidente Hu pasan por desacelerar el crecimiento económico; algo realmente difícil, dados el aumento en el consumo interno, la inversión en activos fijos, las perspectivas de consumo abiertas por los Juegos Olímpicos, mejoras sostenidas del ingreso en las ciudades y la recepción de inversión extranjera aplicada a la producción interna de bienes y servicios.  


En segundo lugar, su gobierno no ha mostrado claros avances en la lucha contra la corrupción, tal vez su asignatura pendiente más importante. Líderes locales, provinciales y municipales así como funcionarios del gobierno central (miembros de su gabinete) han cometido actos de corrupción mediante el desvío de fondos de pensión (Shanghai), descontrol sanitario (exportación de medicamentos contaminados) e incluso omisión en el cuidado de bienes públicos esenciales como el agua, permitiendo derrames contaminantes que ocasionaron daños irreparables a los pobladores ribereños. Todas estas son situaciones que han exacerbado las pujas entre diferentes facciones internas —no nuevas sino renovadas— del Partido Comunista Chino. Me refiero a conservadores confucianos en posible alianza con la "nueva izquierda" que reivindican un modelo de crecimiento más equilibrado y mejor distribución del ingreso, frente a los aperturistas a ultranza o libremercadistas, remanentes cuadros de la tecnocracia noventista que rigió los destinos del país.


Lo interesante del escenario es que recrea de manera análoga los temas y debates que cruzan a las dirigencias políticas latinoamericanas, definen la oferta política de los principales partidos y determinan la plataforma electoral en las democracias de la región.


En primer lugar, redistribucionismo; el proceso de acumulación es exitoso, pero asimétrico en la distribución de beneficios en una sociedad cada vez menos tolerante a la desigualdad de ingresos. En segundo lugar, eficiente intervención estatal, aplicada a mejorar las condiciones de salud pública, moderar desajustes de mercado e imponer prácticas corporativas transparentes. En tercer lugar, institucionalidad y garantías individuales junto con efectiva penalización de la corrupción mediante la acción disciplinante de un poder judicial independiente.


En la clase dirigente china prima la percepción de que el país puede sostener altas tasas de crecimiento no necesariamente compatibles con las metas sobre desarrollo —previstas en el nacimiento de las reformas— a mediados del siglo XXI. Por lo tanto, los riesgos macro y micro económicos que condicionen la estabilidad interna deben ser minimizados para garantizar la paz social. Similares desafíos parece enfrentar América Latina.

 

Los costos sociales del "comunismo de mercado"

 

Oscar Raúl Cardoso

Clarín

 

El actual mandamás Hu Jintao es titular del Partido Comunista Chino (PCCh) y presidente de la República, eligió una terna de temas considerados estratégicos para el 17ø congreso quinquenal partidario que, en ese país, es la máxima expresión de la política colectiva, aunque siempre dentro de los rígidos moldes de un sistema que desde los 80 se ha vuelto heterodoxo en lo económico pero que sigue estando acorazado en materia de control social.


El congreso se iniciará este lunes y participarán del mismo más de 2.000 delegados, casi todos ellos con la dedocracia partidaria como única legitimidad real.


Entre esas consignas de debate que impulsó Hu, figura una dedicada a instigar el debate sobre la creciente desigualdad social que se genera entre los 1,300 millones de habitantes de una de las principales potencias económicas del planeta, especialmente entre los habitantes de las grandes ciudades y la población rural que aún cuenta como el 60% de la demografía nacional.


Y parece que Hu hizo esta elección cuando queda poco tiempo para que las asimetrías nacionales devengan —coinciden en predecir muchos intelectuales chinos y sinólogos occidentales— en alteraciones importantes de la paz social; precisamente de la clase de las que el PCCh —una estructura obsesionada hoy con su propia supervivencia más que con otra cosa— huye como de las maldiciones.


Las cifras son necesarias para entender este potencial para el conflicto. De lo que se habla es de no menos de 700 millones de personas sumergidos en la pobreza, con ingresos diarios —unos seis yuan— considerados menos que una pitanza económica si se los compara con los de las ciudades de la costa.


Hay varias razones para haber llegado a este punto: la globalización tuvo en China el mismo efecto que en el resto del planeta —sus beneficios tienden a ir casi exclusivamente a los más ricos sin producir el "derrame" social que sus partidarios predijeron—, el control partidario de todo el proceso ha dejado abierto al sistema a la acción predatoria de la corrupción y el surgimiento de nuevas industrias y servicios ha hecho que la producción agrícola haya caído del 29 por ciento al 12 por ciento del PBI en poco más de una década.


Hay otros motivos menos visibles. Desde 1989 —año de la protesta conjunta de estudiantes y trabajadores que terminó en un baño de sangre en la Plaza Tiananmen— el PCCh ha prestado mucha más atención a la población urbana, que es más rápida y eficaz en organizar protestas y llamar la atención oficial sobre los problemas, que a la rural cuya capacidad organizativa es mucho menor, cuando existe.


Hay anualmente, aseguran los observadores, centenares de manifestaciones de descontento rural —algunas violentas— en el territorio chino pero que son desactivadas mucho antes que puedan conectar entre sí u organizarse más allá de la villa.


En los años más recientes éstas han tenido que ver con la ausencia de un sistema viable de salud, con la impotencia de los campesinos que están vedados de poseer la tierra que trabajan —no pueden emplearla siquiera como garantía de asistencia crediticia— y sobre todo con la corrupción de los funcionarios, que muchas veces los privan de las parcelas para realizar negocios de desarrollo inmobiliario de distinto tipo con especuladores que no pertenecen a la región. No en vano la corrupción es otro de los temas elegidos por Hu para el congreso, junto con el avance de la democratización interpartidaria.


Así las cosas, el país que —sobre todo desde su ingreso en 2001 a la Organización Mundial de Comercio— se ha transformado en una de las grandes turbinas económicas del mundo, que ha acumulado reservas por más de un billón de dólares (entre ellas buena parte de la deuda soberana de Estados Unidos) y que está construyendo el tercer edificio más alto del planeta para alojar al Centro Financiero de Shanghai, no puede garantizar la entrega de salud, ni rescatar de la pobreza a la mayoría de la población. Los residentes urbanos han sido beneficiados hace poco con una ley que instituye el derecho a la propiedad privada, otro contraste.


Una revisión de testimonios de la población rural ayuda a entender cómo éstos añoran los tiempos de los "médicos descalzos" que recorrían las comarcas, un programa que era hijo de la imaginación de Mao Tsetung y que en su momento fuera ridiculizado en Occidente. Aquello, al menos, ofrecía cierta cobertura popular.


No es que Hu y los suyos no hayan hecho nada. Hay un sistema de seguro de salud de bajo costo —que garantiza atención médica gratuita a los indigentes— y con la abolición, por primera vez en la historia de China, de los impuestos sobre la producción agropecuaria las estadísticas muestran que el ingreso rural tiende a una recuperación. Sin embargo, el olvido ha sido tan largo y el problema es tan grande que nada surte el efecto deseado. Este año dos peticiones especiales han sido elevadas al Congreso: una de ellas, con más de 12.000 firmas, proveniente de organizaciones rurales que reclama la solución de los problemas del sector. Hay dudas de si esto es un gesto original o bien uno que el propio gobierno ha alentado en forma tal de anticiparse a cualquier protesta genuina.


En cualquier caso, lo cierto es que el Partido Comunista Chino no podrá seguir haciendo a un lado la temática. Las inminentes Olimpíadas están poniendo a China en un escaparate que hará mucho más visibles sus éxitos y falencias.


Y cabe preguntarse: ¿es posible que las mismas fuerzas históricas —el campesinado— que lo crearon se vuelvan ahora en contra del PCCh y su hegemonía?


 

 

 

 

 
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