16 de octubre de 2007

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El peso político latino en EEUU

 

David Brooks

La Jornada

 

Al recordar las luchas históricas por los derechos civiles de la comunidad latina, el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa, declaró hoy que el Congreso Nacional Latino representa la próxima fase de esta contienda al ofrecer "una oportunidad para hablar con una voz unida" sobre los grandes temas nacionales y de política exterior de EEUU.

"Tenemos que construir puentes en lugar de muros con México y América Latina", afirmó el alcalde de una ciudad que es casi 50 por ciento latina y 47 por ciento inmigrante. "Tenemos, como latinos, una obligación especial para encabezar esta discusión". Consideró que "el momento de mayor orgullo de mi vida, un momento de definición, fue cuando pude saludar a tal vez un millón de personas que marcharon el primero de mayo (de 2006), un mar de familias que sólo desean trabajar por una vida mejor".

Fue el último de los cinco días de trabajo del congreso, donde un total de 3 mil personas de más de 20 estados –entre ellas dirigentes comunitarios, líderes de inmigrantes, sindicalistas, representantes de organizaciones latinas nacionales y locales, y políticos electos (concejales, alcaldes, legisladores estatales y federales)– participaron en un proceso para dar definición a una "agenda latina" para incidir en los principales temas nacionales y de política exterior de este país.

Villaraigosa reconoció: "yo llegué adonde estoy a hombros de otros", y mencionó las luchas sindicales, de derechos civiles y de empadronamiento electoral encabeza- das por LULAC, MALDEF y el Proyecto de Empadronamiento y Educación del Votante del Suroeste (SVREP, por sus siglas en inglés) –convocantes de este congreso, entre otros– también como resultado de las luchas enca- bezadas por Martin Luther King, el movimiento por los derechos de las mujeres y las movilizaciones contra la guerra. El alcalde, nieto de un inmigrante mexicano, insistió en que las prioridades ahora son acabar con la guerra (14 por ciento de la población es latina, pero ésta constituye 20 por ciento de las bajas en Irak), promover una reforma migratoria justa, reformar la educación y el sistema de salud para beneficio de todos.

Por lo tanto, dijo que este Congreso Nacional Latino representa la oportunidad de definir y promover una agenda para beneficio de todos en este país. "Sabemos lo importante que es para esta comunidad poder juntarnos y superar nuestras divisiones".

Reconoció que los esfuerzos de organizaciones como SVREP por generar el voto latino ya han transformado el panorama político del país durante las últimas décadas (él, como alcalde de la segunda ciudad de EEUU en tamaño, es ejemplo de ello), pero es hora de sumar fuerzas para la próxima etapa. Por eso reconoció en particular a Antonio González, presidente de SVREP: "cuando él llama, yo acudo", dijo de su "incomparable" tocayo.

Hoy, González, en declaraciones periodísticas, caracterizó el congreso como un éxito en el sentido de que se avanzó hacia una "coalición estratégica de los diversos elementos de la comunidad latina" en este país. Eso, dijo, es necesario para incidir en la agenda nacional e internacional con una voz latina que demanda, entre otras cosas, el fin de la guerra en Irak, una reforma migratoria real, la garantía de servicios de salud para todos, e "incentivar un cambio profundo de las relaciones de EEUU con América Latina", incluso con Cuba y los nuevos gobiernos de izquierda en Sudamérica.

Subrayó que entre los consensos alcanzados aquí, la prioridad inmediata es "una masiva movilización del voto latino" para el ciclo electoral nacional de 2008. Las más de 80 resoluciones adoptadas sobre temas de poder electoral, migración, la guerra en Irak, medio ambiente, salud pública, educación, reformas al sistema de justicia penal y relaciones internacionales con América Latina "sirven como guía de acción de las organizaciones y líderes latinos", dijo González.

Resumió que el objetivo fue definir "la agenda, el contenido de la voz latina en este país" y con ello no sólo trasmitirlo a nivel nacional, sino también comunicarse con América Latina, donde no tantos desconocen esta voz. "Y todo esto es para promover, a final de cuentas, el gran cambio que tanto se necesita en Estados Unidos", concluyó.

Los latinos, recordó Lydia Camarillo, vicepresidenta de SVREP, son el voto decisivo o influyente en estados que otorgan unos 220 de los 270 votos electorales requeridos para ganar la presidencia. El asunto, según muchos de los participantes aquí, es precisamente cómo ejercer el poder político potencial de la comunidad latina y, junto con ello, qué se desea hacer con ese poder.

El congreso logró definir, según los organizadores, los puntos de referencia para guiar los próximos pasos hacia una "voz latina" en Estados Unidos. Para muchos aquí, eso ya es un paso enorme. Para algunos, el diálogo que está madurando entre latino-estadounidenses, latinoamericanos y migrantes podría influir en la dinámica hemisférica en un mediano plazo.

Mucho de lo acordado se pondrá a prueba durante el año electoral de 2008, y los resultados comprobarán si aquí ha nacido una fuerza latina más consolidada y con mayor impacto en este país y en sus relaciones con el resto de las Américas.

Tal vez los latino-estadounidenses están obligados a limitarse a ser la minoría más grande de Estados Unidos. Pero si logran construir esos puentes con América Latina, pasarían a formar parte de la gran mayoría "latina" de este hemisferio. Tal vez eso es parte de lo que empezó a ocurrir aquí en los últimos cinco días.

Los Ángeles, el epicentro de las transformaciones

En esta ciudad uno puede vivir tiempo completo en México porque sólo hay unos cuantos turistas estadounidenses en kilómetros y kilómetros de lo que es la segunda o tercera ciudad con más mexicanos en el mundo y cuyo alcalde es hijo de mexicanos.

Pero aunque 50 por ciento de la población se considera latina (nacida aquí o migrante), también son de la diáspora mundial. Casi la mitad de la población de Los Ángeles es nacida en otros países. Hay historias de despedidas de hijos a sus madres en Filipinas, Corea, China, México y El Salvador.

Una iglesia ofrece misas en español, coreano, filipino y, ah sí, inglés en una ciudad donde los anglosajones –que antes dominaban estas tierras– son minoría ante la nueva mayoría "de color", la combinación de latinos, asiáticos, afroestadunidenses que habitan Los Ángeles. Hasta hay algunos viejos restaurantes de fast food que anuncian un menú de hamburguesas, pastrami, tacos y tortas. Por supuesto hay sushi y todo lo de la cuenca del Pacífico, ya que es el principal puerto estadounidense para todo ese mundo.

Hay curanderos mexicanos junto a expertos en shiatsu y otras variedades de relajamiento, con sus respectivas recetas de alcoholes, lociones y hierbas. Aquí está Filipinotown y no tan lejos Little Tokio, y a la vuelta Koreatown, pero no hay nada como las grandes extensiones de México y América Central dentro de esta ciudad y su periferia.

Éstas a veces se topan o se mezclan. Uno de los restaurantes Guelaguetza está en medio de mil anuncios en coreano en Koreatown. También algo llamado "Plaza México", que es réplica de varios de los símbolos nacionales, con una estatua de Benito Juárez, cuyo dueño –que es coreano– decidió traducir todo lo que vio en México.

Y dentro del mundo latino se encuentra el mosaico de América Latina. En la cooperativa Hot Momma Tamales hay exquisiteces de varios países latinoamericanos. Las pupuserías están al lado de taquerías por todas partes. Pero también están todos los Méxicos: oaxaqueños, zacatecanos, jaliscienses, duranguenses, michoacanos y tantos más, cada uno con sus propios clubes de oriundos y sus federaciones.

Muchos viven en zonas que, en su conjunto, se conocen como el "megabarrio", y que el profesor Gaspar Rivera, de la UCLA y oaxaqueño, caracteriza como gran "territorio liberado". Toda la vida dentro de los restaurantes mexicanos, los conciertos, las tiendas, los festejos, es México. Dice que esa nostalgia creó un "mercado" que "es una defensa ante un mundo estadounidense hostil", donde uno puede refugiarse en este México recreado en Los Ángeles.

Antonio Villaraigosa es el primer alcalde latino de Los Ángeles en 140 años, y cuenta cómo llegó su abuelo desde México; dice que "no sé si fue ilegal", pero lo que sí se sabe es que su familia contribuyó a este país. El nieto de ese migrante declaró que el momento de mayor orgullo en su vida fue "salir a saludar frente a la alcaldía a ese medio millón, tal vez un millón, de gente que marcharon el primero de mayo" de 2006 en defensa de sus derechos y por la dignidad de los migrantes.

Ésta es la llamada "capital latina" de EEUU, y el epicentro de lo que es una transformación nacional no sólo por el cambio demográfico, sino por las luchas, los proyectos, las iniciativas y los diálogos que se desarrollan aquí, que cambian al estado más rico del país y finalmente a este país.

También es una ciudad que padece de todos los males: un sistema de educación y salud en pleno deterioro –donde los latinos y afro-estadounidenses son los más negativamente afectados– junto con un serio déficit de vivienda (hay un sector del centro donde habitan unos 13 mil personas sin techo, una zona que parece de película sobre una ciudad perdida o de posguerra).

También la brecha entre ricos y pobres es plenamente manifestada aquí, ya que Beverly Hills y Malibú no están lejos de enormes barrios de pobreza. Entre las playas de Santa Mónica y el valle de San Fernando, al otro lado de las montañas de Los Ángeles, hay mil mundos de esta metrópolis. Hippies y beats que aún se rehúsan a salir de sus épocas en la gran explanada de Venice Beach, mientras que a cuatro cuadras todo está habitado por oaxaqueños.

No tan lejos están las enormes mansiones que asoman sobre el Pacífico en Malibú, y por supuesto los surfeadores y las güeras californianas soñadas por los Beach Boys, mientras que en el puerto, hoteles y oficinas han estallado algunos de los movimientos sindicales más dinámicos de este país.

En Los Ángeles a veces se siente –por ser escenario de tanto filmes– que uno está viviendo una película. Por ahora no se sabe si es comedia, tragicomedia, drama, thriller, de horror o tal vez todas a la vez, cada una con rutas sonoras que se escuchan por los famosos freeways que enredan la ciudad.

Sin embargo los actores en cualquier momento podrían irse por la libre, lo cual ha ocurrido en varios momentos de la historia de esta ciudad, y es algo que se siente en muchas calles (aunque no en Beverly Hills). Esta ciudad fabrica ilusiones, pero también crea esperanzas. Lo difícil, a veces, es saber la diferencia aquí bajo el gran letrero sobre la montaña que dice "Hollywood".

 

 

 
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