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Perspectivas en el Día Mundial de
la Alimentación
Gustavo Duch Guillot
Director de Veterinarios Sin
Fronteras
Cuando empezaba a bajar el calor, un grupo de
mujeres se fue acercando a la casa de doña Tila,
donde a la sombra de una enramada de caña, esa tarde
comenzaba un taller de capacitación para mujeres
campesinas sobre el cuidado de animales de
traspatio. Cris, quien llevaba tiempo viviendo en
República Dominicana, sabía que hay que partir de la
experiencia y visión de la propia gente del campo,
así que para dar inicio a la clase tomó un rotafolio
y empezó a dibujar una casa y a su alrededor algunos
chanchos, unas gallinas y dos vaquitas.
Con
las preguntas de Cris y enfocadas en el dibujo, las
mujeres fueron explicando cómo criaban sus animales,
qué enfermedades eran comunes y cómo las curaban,
qué razas eran mejores, el trabajo que requerían y
los beneficios de cada crianza. Todo lo que decían
se apuntaba en color azul y así el dibujo se iba
enriqueciendo con otras cosas que salían de la
charla: un abrevadero para las vacas, el camioncito
que entraba en la comunidad a buscar la leche, la
planta de la que se saca el aceite que cura el mal
de tripas...
Al
empezar estos cursos, las mujeres siempre decían que
no sabían nada, que eran campesinas brutas, que sólo
Cris, que era veterinaria, sabía de verdad. Pero lo
cierto es que la pizarra se iba llenando de azul con
los aportes de ellas. Al final, era muy poco lo que
la universitaria podía añadir y siempre lo escribía
en negro para resaltar ante las campesinas todo lo
que sabían y todo lo que la propia Cris aprendió de
ellas. Todo era cuestión de puntos de vista y las
mujeres nunca apreciaban bastante su experiencia
práctica, pero idealizaban la teoría de las aulas. A
veces las anécdotas que salían en las clases se
extendían. Esa tarde Mirita estaba explicando con
detalle cómo le hizo el parto a una cerda que no
pujaba. Cris ya había dibujado la cerda de parto y a
la mujer ayudándola, así que siguió adornando el
dibujo: unos pastos a la derecha de la casa con
algunas matas de mango y chinolas, la línea del
horizonte a la altura de la casa y por encima un sol
caribeño de domingo, nubes y algunos pájaros
dispersos.
Atenta al dibujo, doña Belicia levantó la mano para
pedir la palabra y señalando la línea del horizonte
del dibujo aclaró: "mire, mujer, si no nos baja la
cuerda ninguna de nosotras podrá tender ahí la ropa.
Yo digo que esa cuerda no va ahí".
Y
así, sin escuchar a los propios implicados, el
número de personas que pasan hambre sigue aumentando
desde 1996. Existen 854 millones de doñas Belicias
que están levantando la mano, que tienen enfoques
diferentes, fuera del economicista neoliberal que
nos envuelve y que no nos deja ver, para un combate
que les pertenece.
Hoy
16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, la
mano de estas personas se levanta para reclamar de
nuevo que la alimentación sea abordada como
corresponde: un derecho humano, y así lo vienen
expresando desde hace años en boca de la Via
Campesina o recientemente en el Encuentro Indígena
Mundial:
"Sustituir los actuales modelos de desarrollo
basados en el capitalismo, en la mercancía, en la
explotación irracional de la humanidad y los
recursos naturales, en el derroche de energía y en
el consumismo, por modelos que coloquen a la vida, a
la complementariedad, a la reciprocidad, al respeto
de la diversidad cultural y el uso sustentable de
los recursos naturales como las principales
prioridades. Aplicar políticas nacionales sobre
soberanía alimentaria como base principal de la
soberanía nacional, en la cual la comunidad
garantiza tanto el respeto a su propia cultura como
espacios y modos propios de producción, distribución
y consumo en equilibrio con la naturaleza de
alimentos sanos y limpios de contaminación para toda
la población, eliminando el hambre, porque la
alimentación es un derecho para la vida".
Concretando,
esa cuerda no va ahí.
Flexibilidad laboral y precariado
Matteo Dean
Seminario de Economía del
Trabajo y nuevas tecnologías
Con
precariado queremos señalar que la precariedad
laboral, definitivamente asentada por la
temporalidad contractual en puestos que hasta hace
poco contaban con contrato por tiempo indeterminado,
se asocia cada vez más con la precariedad de los
derechos laborales y sociales. Si aceptamos que la
afirmación de los derechos sociales, en la
materialidad de los servicios ofrecidos por el
Estado (en la trayectoria formación, trabajo,
descanso), en época fordista por medio de las
medidas de corte keynesiano, estaba íntimamente
ligada a la existencia de contrataciones y
relaciones laborales estables, entonces podemos
afirmar que la temporalidad en las condiciones
arriba descritas se traslada a la sociedad
convirtiéndola en sociedad temporal. Lo que algunos
sociólogos llaman "sociedad de lo fugaz" no es
entonces sólo la sociedad de los deseos fugaces,
intermitentes, saltuarios. Sino que es también la
sociedad de los derechos fugaces, intermitentes y
saltuarios. En esta sociedad nosotros ubicamos al
precariado como aquel sujeto transversal y
multifacético que comprende ya no sólo al trabajador
sino a cada individuo que entra en algún momento al
mundo del mercado laboral: una multitud
molecularizada que trabaja y vive de forma precaria,
sin garantías laborales, pero tampoco sociales.
[...]
No es casual,
según nosotros, que a la flexibilidad haya quienes
le llamen precariedad. La flexibilidad laboral ha
sido a lo largo de estos años demasiadas veces
sinónimo de precariedad laboral, desbaratamiento del
trabajo, ataque a los derechos de los trabajadores,
abuso empresarial. La misma unidad sindical se ha
visto gravemente cuestionada por la nueva forma del
trabajo: ya no existe, o tiende a desaparecer, la
figura del trabajador masificado, que se podía
fácilmente organizar y sindicalizar. Hoy existe un
universo de trabajadores, de todas edades y
extracciones sociales, que se encuentra solo frente
al enorme poderío empresarial y del capital, en
general. Las anunciadas reformas laborales que el
actual gobierno quiere realizar pueden prefigurase
como una, no la única, ocasión para generar el
debate necesario para resolver la actual situación.
El debate en el mundo sindical más democrático y
auténtico resulta interesante, porque las posturas
que ahí se plantean –cada quien por su lado– tienen
temas de interés colectivo. Las dos posturas, la más
conservadora, que busca dejar inalterada la actual
legislación laboral mexicana, y la más abierta, que
propone aprovechar la coyuntura para aportar
modificaciones ventajosas para el trabajador,
resultan interesantes. La primera porque se pone de
forma resistencial frente a reformas que casi
seguramente apuntarán a aventajar, una vez más, al
capital frente al trabajo. La segunda porque busca
aprovechar un debate (que se irá dando conforme
avancen las propuestas por parte de la clase
política mexicana), para introducir propuestas
hechas por y para los trabajadores. Sin embargo,
ambas sufren limitaciones importantes. La primera
por correr el riesgo de no ver las radicales
modificaciones que el mundo del trabajo ha sufrido,
por la vía de los hechos, en sus formas. La segunda
por el riesgo, posible y quizá muy probable, de
llegar a concertaciones y mediaciones que permitan
ciertas modificaciones dañinas para el trabajador a
cambios de otras más benéficas. En suma, por un lado
corremos el riesgo de no querer ver los cambio
sucedidos en el mundo del trabajo, por el otro
arriesgamos de aceptar que tales modificaciones se
queden tal cual con todo y sus consecuencias
nefastas.
Sin embargo,
quizá hablar de estas posturas puede resultar
estéril, puesto que, según datos oficiales de la
Secretaría de Economía, tan sólo 19% de los
trabajadores formales mexicanos (cerca de 18
millones) están sindicalizados.
Es
para nosotros importante entonces mirar a ese sujeto
que llamamos precariado que comprende a los
trabajadores sindicalizados, pero también a los no
sindicalizados y a los que entran a la llamada
economía informal. Con este sujeto dejamos de hablar
sólo de derechos laborales y probamos a hablar de
derechos sociales o derechos de ciudadanía. Para
hacer esto, hay que romper ese vínculo keynesiano
entre trabajo y derecho, entre contrato de trabajo y
acceso a la esfera del derecho social. Y comenzar a
pensar que todo ciudadano tiene que gozar de
derechos sociales cuales la formación, el trabajo (o
más bien el rédito), el descanso (o más bien el
rédito de descanso), pero también la salud, la
vivienda digna, etcétera.
Por
lo anterior, creemos posible "darle la vuelta a la
tortilla" y probar a observar la flexibilidad
laboral no como un problema, sino como una posible
vía de fuga de la esclavitud del trabajo asalariado.
Quizá podamos probar a mirar la flexibilidad que se
traduce en tiempos parciales de trabajo, en
movilidad, en adquisición de saberes y valorización
de los mismos, en explotación de la cooperación
social, como ocasión para acercarse al libre goce de
la vida, asociando al concepto mismo de flexibilidad
el de seguridad social. Un nuevo concepto que no
niega la flexibilidad, que no busca conservar lo
existente, sino que aprovecha la flexibilidad para
alcanzar una nueva seguridad social desligada del
trabajo y ligada íntimamente a la vida productiva de
cada individuo.
¿Quién pagará el déficit del mundo
desarrollado?
Ricardo Arriazu
Economista
En un reciente discurso, el
presidente de la Reserva Federal de los Estados
Unidos, Ben Bernanke, atribuyó los crecientes
desequilibrios que registra la economía mundial
(déficit externo masivo en los EEUU, su
contrapartida en los excedentes externos de muchos
países emergentes, y una tendencia declinante de las
tasas reales de interés de largo plazo), a un exceso
de ahorro mundial, en particular en los nuevos
países industrializados asiáticos.
Sin embargo, en mi opinión, la información
estadística no parece validar totalmente esta
hipótesis. De acuerdo a los datos publicados por el
FMI en su informe sobre las "Perspectivas Económicas
Mundiales", la tasa total de ahorro mundial del año
2006 fue del 22,8%, nivel superior al promedio de
los últimos diez años, pero inferior al de los
últimos 45 años.
Este nivel fue superado en 18 oportunidades desde el
año 1970, incluyendo el ciclo positivo 1976-1980
(muy similar al actual), durante el cual promedió el
24%. No obstante, los promedios mundiales esconden
importantes diferencias entre países.
Mientras que durante el ciclo favorable de la
segunda mitad de la década de 1970 el conjunto de
países industrializados mostraba una tasa de ahorro
del 19,4%, en el actual ciclo dicho promedio sólo
alcanza al 15,7% del PIB. Esta caída en los niveles
de ahorro es bastante generalizada, pero las
disminuciones más importantes se registraron en los
EEUU y en Francia (con caídas superiores a 6 puntos
del PIB).
Como contrapartida, la tasa de ahorro promedio de
los países asiáticos recientemente industrializados
se elevó aproximadamente del 28% al 31% del PIB, y
la del resto de los países emergentes del 26% al 32%
del PIB. Dentro de este grupo de países se destacan
los países del Oriente Medio cuya tasa de ahorro
fluctúa violentamente con el precio del petróleo
(42.6% en 1980, 7.8% en 1991, y 40.4% en 2006).
Durante este período la contribución de China al
ahorro mundial se elevó del 0.87% al 2% del PIB
mundial.
Estas cifras muestran que los niveles de ahorro de
los países emergentes fluctúan con los precios de
las materias primas, y que en la actualidad estos
países (en particular China y los productores de
petróleo) están financiando el exceso de gasto de
los países industrializados, en particular el de
Estados Unidos.
En su discurso, Bernanke enfatizó que si bien el
déficit en las cuentas externas de los EEUU había
crecido del 1.6% al 5.5% del PIB (de 125 a 640 mil
millones de dólares), este desarrollo no podía ser
atribuido exclusivamente a la caída en la tasa de
ahorro de los EEUU puesto que estos desequilibrios
sólo pueden existir si alguien está dispuesto a
financiarlos.
Como en este mismo período las cuentas corrientes
agregadas de los países emergentes pasaron de un
déficit de 80 mil millones de dólares a un superávit
de 300 mil millones, Bernanke llega a la conclusión
de que existe un "exceso de ahorro" en estos países
y que son los que generan los desequilibrios
mundiales, justificando este razonamiento por la
reducción de las tasas de interés reales de largo
plazo.
Contablemente es bastante claro que, a nivel global,
los desequilibrios de un país deben tener como
contrapartida desequilibrios de signo inverso en
otros países (las exportaciones de un país son
importaciones de otros). Sin embargo, no es tan
sencillo determinar dónde se originan estos
desequilibrios. Casi siempre "se necesitan dos
personas para bailar un tango", pero no siempre es
claro quién lidera.
Algunos datos contradicen los argumentos de Bernanke.
Si bien es cierto que la contribución de los países
emergentes al ahorro mundial se elevó del 6% al 7.4%
del PBI mundial desde 1996, también es cierto que
durante el ciclo 1976-1980 la tasa de ahorro de
estos países era equivalente al 9.3% del PIB
mundial.
A pesar de esta elevada contribución al ahorro
mundial, ni la tasa de interés real ni el
desequilibrio en cuenta corriente de los EEUU
alcanzaban en ese entonces los niveles actuales. Más
aún, la violenta reducción posterior de la tasa de
ahorro de los países emergentes (su contribución al
ahorro mundial se redujo a un mínimo del 4.7% en
1992 como reflejo de la caída de los precios
mundiales de las materias primas) tampoco se reflejó
en una gran mejora de las cuentas externas de los
Estados Unidos.
Es importante destacar, que a partir de 1992, la
contribución del ahorro de las familias al ahorro
mundial en los países pertenecientes a la OECD se
redujo casi en un 50% (del 8.5% al 4.7% del PBI
mundial), al mismo tiempo que el ahorro negativo de
sus gobiernos se incrementaba del 0.1% al 0.6% del
PIB mundial, resultado del incremento en el consumo.
Sin embargo, el ahorro de sus corporaciones se
incrementaba del 8% al 9.2% del PIB mundial
(tendencia que puede explicar el comportamiento de
las Bolsas de Valores durante los últimos años).
Durante este mismo período la tasa de inversión
total de los países de la OECD también se redujo del
13.3% al 11.9% del PBI mundial, concentrada casi en
su totalidad en inversión no residencial. Estas
cifras parecerían reflejar un deterioro en la
distribución del ingreso en estos países (en
coincidencia con el auge de las exportaciones
industriales chinas) y una tendencia a incrementar
el consumo en base al endeudamiento.
No sería justo terminar esta columna sin una
referencia a las importantes mejoras que se
registraron durante este período en materia de
inflación y de desequilibrios de las cuentas
públicas de los países emergentes en general, y de
América Latina en particular.
La inflación mundial se redujo del 17% a sólo el 3%
entre 1980 y 2007, al mismo tiempo que la inflación
en América latina se reducía del 65.9% al 5.2%. Las
cuentas públicas de la región también mostraron
importantes mejoras al pasar de un déficit
importante a un superávit.
EEUU se perfila hacia una crisis
social
Roberto González Amador
La Jornada
Estados Unidos se perfila hacia una crisis social.
Es James K. Galbraith, autor prolífico, académico,
economista cercano a los círculos influyentes del
Partido Demócrata y, el apellido lo identifica,
descendiente de John Kenneth Galbraith, uno de los
pensadores más influyentes del siglo XX. "Conozco
bien las crisis financieras y ahora es la primera
vez que, en forma integral, una crisis afecta a la
clase media estadounidense", comenta.
James
K Galbraith, profesor de la Universidad de Texas en
Austin y presidente de Economistas por la Paz y la
Seguridad, se refiere a la administración de George
W. Bush en la Casa Blanca, de la que ha sido crítico
agudo: Con la economía en fase de desaceleración
pronunciada y el dólar perdiendo valor como moneda
de referencia, "una nueva guerra" es vista como una
opción por los círculos más conservadores para salir
del atorón económico. "La posibilidad de que el
círculo de poder en Washington emprenda otra
aventura militar, quizá en Irán, es una pregunta
abierta", dice.
El
profesor Galbraith se encuentra en México desde el
sábado pasado. Sobre el país ha estudiado los
efectos del Tratado de Libre Comercio de América del
Norte, y en particular los relativos a la estructura
de los salarios industriales en los tres países
firmantes del acuerdo.
El
año pasado dedicó varios de los artículos que
publica en The Guardian a argumentar en favor
del recuento de votos reclamado por la coalición de
izquierda. Ahora está aquí para ofrecer dos
conferencias, una, este lunes, sobre el pensamiento
de su padre, en el postgrado de la Facultad de
Economía de la Universidad Nacional Autónoma de
México; la otra, el próximo martes en la unidad
Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana
en el marco de la Semana de Economía organizada por
la institución.
En
declaraciones a La Jornada, Galbraith
considera que la crisis derivada del aumento de
deudas impagadas en el sector hipotecario de Estados
Unidos, que se ha extendido a instituciones
europeas, no tendrá un final pronto. "Va a durar
entre 18 meses y dos años. Sobre todo porque las
compañías que tienen en sus portafolios papeles de
empresas inmobiliarias se van desprendiendo de ellos
paulatinamente, no lo hacen de inmediato sino de
manera gradual".
Esta
crisis en el sector inmobiliario de EEUU se presenta
en un momento en que la economía enfrenta crecientes
déficit fiscal y en la cuenta corriente, de más de
800 mil millones de dólares. ¿Cuál puede ser el
resultado de la combinación de estos factores?
Básicamente lo que va a afectar es el valor del
dólar. No creo que el Congreso se atreva en estos
momentos a realizar un recorte fiscal poderoso. Gran
parte de la crisis se debe al alza en la tasa de
interés de hace algunos años. Ahora la Reserva
Federal ha debido bajar su tasa de interés. Todo
esto afecta el valor del dólar.
¿Habrá una reducción del gasto militar de Estados
Unidos?
Los
gastos militares se van a mantener debido a la
presencia de Estados Unidos en Irak. Lejos de
disminuir, los costos tangenciales, como son el
regreso de los militares, que hay que tratarlos,
etcétera, significarán un incremento. En lugar de
disminuir, preveo que va a aumentar.
En
algunos círculos académicos se comienza a hablar del
declive del dólar como moneda fuerte y de la
aparición de otras divisas, como el euro.
Es
muy temprano para hacer las exequias del dólar.
Todavía no se ve con claridad que vaya a perder su
relevancia. Porque el alza del euro también afecta a
las economías de la Unión Europea e incluso de
quienes no están en el sistema del euro, como Gran
Bretaña. Entonces, el problema de la próxima
administración de Estados Unidos es cómo va a
estabilizar este desequilibro, pero no veo de
inmediato la caída abrupta del dólar.
En
noviembre pasado, James K. Galbraith publicó
Unbearable cost: Bush, Greenspan and the economics
of the Empire, que en traducción libre podría
ser: "El costo insoportable: Bush, Greenspan y la
economía del Imperio", en la que traza un crítico y
agudo perfil de la administración federal
estadunidense, de la economía de guerra que siguió a
los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York y
Washington DC. Se trata de una serie de ensayos en
los que apuntó rasgos de la historia de la
presidencia de Bush en el momento en que ocurría,
como se reseña en la cubierta.
Los
temas tocados por los ensayos van desde el fallo
judicial que llevó a Bush a la presidencia de
Estados Unidos –hecho que Galbraith comparó el año
pasado con el fallo judicial que dio la presidencia
a Felipe Calderón en México–, a los efectos de los
atentados de septiembre de 2001 y la guerra de Irak,
y la construcción de lo que ha identificado como una
"república corporativa".
En la
entrevista con este diario, mediada y atestiguada
por Alfredo Jalife, profesor universitario y
articulista de La Jornada, Galbraith toca
algunos de estos temas.
¿En
EEUU habrá una desaceleración económica o se
anticipa una recesión?
El
país no está en recesión, pero hay una
desaceleración significativa. La economía se ha
estado manteniendo por deuda y por el sector de
bienes raíces, las hipotecas, que han hecho
funcionar el consumo. Lo que pasa es que al bajar
los bienes raíces va a afectar el consumo, y eso es
lo que está provocando la desaceleración. Hay gente
que cree que esta carencia puede ser contrarrestada
o compensada por las exportaciones, pero yo soy
escéptico, a pesar de que el dólar está en un nivel
bajo. Otra guerra podría cambiar la situación.
¿Es
una economía de guerra?
Si
van a otra guerra puede ser que cambie la situación.
¿Considera que existe esa posibilidad?
La
posibilidad de que la administración de Estados
Unidos emprenda una nueva guerra es, se puede llamar
así, una pregunta que está abierta. Yo estoy
escéptico también sobre la posibilidad de una guerra
en Irán, pero no es un asunto que esté fuera del
debate. El sector militar está en contra de la
guerra; los generales, paradójicamente, se oponen.
Está en contra el secretario de la Defensa, pero el
vicepresidente (Dick Cheney) está a favor.
¿Quién va terminar decidiendo la guerra?
Ésa
es una muy buena pregunta. Hay que preguntarse quién
gobierna EEUU en este momento.
¿Quién gobierna?
No
estoy lo suficientemente cerca del emperador para
saber qué pasa en la corte.
La
administración Bush tomó el gobierno con una
economía en crecimiento y superávit fiscal. ¿Quiénes
han sido los ganadores y los perdedores de esto que
ha llamado "república corporativa"?
En la
administración Bush es muy claro. Los mayores
ganadores han sido los contratistas del gobierno,
los sectores militares y los que están ligados a los
organismos de inteligencia. Hablando en general, lo
que se conoce como el cinturón alrededor de
Washington DC. También están los sectores
inmobiliarios, empresas como Halliburton, las
compañías petroleras y el sector financiero.
Hablando de los perdedores, en los últimos cinco
años han sido los sectores de información y
tecnología, que estaban muy altos y se colapsaron.
Ha habido un declive relativo en Silicon Valley (la
región entre San Francisco y San José, California,
sede de varias de las empresas tecnológicas más
importantes).
¿Qué
pasará con la clase media EEUU?
La
clase media había aguantado debido al auge del
sector inmobiliario. Ahora viene la crisis de la
clase media, es lo que sigue. La construcción de la
clase media en EEUU está basada en el crédito y este
crédito lo están obteniendo por las hipotecas del
sector inmobiliario. La clase media se sostiene con
créditos para la universidad, para adquirir casa,
préstamos para ir de vacaciones. Podría haber una
insostenibilidad del sistema que se ha creado en los
últimos 40 o 50 años si se seca el sistema
crediticio que le llega a la clase media.
¿Es el fin del
conocido como sueño
americano?
Conozco bien las crisis financieras, tengo tiempo
observándolas. Trabajaba en Chrysler en Nueva York,
cuando ocurrió la crisis de México en 1982. Vi la
crisis de las instituciones de ahorro y préstamo en
EEUU (que tuvo un costo mayor al Fobaproa de
México), la crisis rusa, la asiática. Es la primera
vez que en forma integral una crisis afecta a la
clase media estadounidense. Es más difícil de
manejar y más desafiante, debido al tamaño de la
economía de EEUU. Se conocen los instrumentos para
manejarla, son factibles, pero no se sabe en estos
momentos si van a ser efectivos.
¿Cuáles son esos instrumentos que menciona?
Los
pasos inmediatos vienen en dos áreas. Una es
relativa a la crisis de las instituciones
financieras, que ya se atiende con acciones como el
movimiento de las tasas de interés por la Reserva
Federal y la inyección de liquidez al sistema. La
pregunta es qué va a pasar después. Se perdieron
miles de millones de dólares en créditos. La otra es
la que afecta a la clase media y a la clase media
baja. La pregunta es si se mantiene a la gente en
sus casas y se sostiene el consumo; hasta ahora no
se ha hecho nada para eso. Creo que en los
siguientes dos años no se va a hacer nada.
¿Puede haber una crisis social?
Sí,
es posible que haya una crisis social en EEUU. Puede
volverse una crisis social muy seria. Vamos a ver
más gente sin hogar y mayor número de quiebras
bancarias.
¿Habrá expulsión de trabajadores que no tienen
documentos migratorios?
No lo
creo. Esta crisis va a golpear mucho a la población
afroamericana que acaba de mudarse de casas rentadas
a otras que adquirieron con hipotecas. No creo que
afecte esto a los mexicanos, quizá a algunos, pero
no es la mayoría. Los mexicanos que trabajan viven
en casas rentadas, tienen casas temporales.
James
K. Galbraith ha dedicado parte de su actividad
académica a estudiar la desigualdad en la sociedad
EEUU y la forma en que se ha desmontado el sistema
de seguridad social en ese país, tema que aborda con
amplitud en el libro publicado el año pasado.
"Hay
dos importantes dimensiones en EEUU sobre la
desigualdad", comenta en la entrevista. La más
destacada es la relacionada con el pago en los
salarios, que disminuyó en los años 90 del siglo
pasado porque hubo empleo pleno, dice. En la base de
la pirámide trabajaban más horas y tenían pagos de
tiempo extra, entonces los trabajadores ganaron
relativamente. "En 2001 eso se acabó y ha estado
estancado; se ha complicado".
La otra
dimensión de la desigualdad tiene que ver con los
ricos-ricos. "Es muy simple: vea la bolsa de
valores, cuando sube, la desigualdad empeora. En los
años 90 los altos ingresos virtualmente estaban
concentrados en cuatro pequeños condados: tres
estaban en Silicon Valley, y el otro en Seattle (la
sede de Microsoft); era asombroso. Si se eliminaban
esos cuatro condados, no había mejora en los
ingresos. Es un fenómeno de ultraconcentración".
En los últimos
cinco años, añade, han mejorado las empresas del
sector militar. Si una nueva guerra ocurre, plantea,
es muy sencillo determinar quiénes se van a
enriquecer. En esta perspectiva, comenta:
"El
presidente Bush representa al Estado trasnacional
corporativo. Es el hombre de paja profesional, así
lo describiría, es un experto en relaciones
públicas. Representa lo más limitado del
conocimiento de EEUU. Casi nadie apoya esta
situación, salvo el Estados Unidos corporativo.
Ronald Reagan, por ejemplo, tenía su base de apoyo.
Incluso los cristianos republicanos de Carl Rove –el
superasesor defenestrado este año– son insuficientes
para sostener al Partido Republicano. Lo más
interesante es que el Partido Republicano se está
volviendo un partido del sur profundo, sin base en
el resto de EEUU. Es muy probable que se vea una
supermayoría en el Senado para el Partido
Demócrata".
Remata: "Para que el sistema estadounidense quede
estable se requiere un ambiente multilateral estable
y además que sea predecible. Y la política exterior
de la administración Bush, que viene de los aspectos
mas agresivos de la guerra fría de los años 50 y 60,
lanzando guerras preventivas y abandonando el marco
de la diplomacia multilateral, finalmente ha
demostrado los límites del poder militar, que han
puesto en peligro la economía de EEUU."
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