16 de octubre de 2007

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Perspectivas en el Día Mundial de la Alimentación

 

Gustavo Duch Guillot

Director de Veterinarios Sin Fronteras

 

Cuando empezaba a bajar el calor, un grupo de mujeres se fue acercando a la casa de doña Tila, donde a la sombra de una enramada de caña, esa tarde comenzaba un taller de capacitación para mujeres campesinas sobre el cuidado de animales de traspatio. Cris, quien llevaba tiempo viviendo en República Dominicana, sabía que hay que partir de la experiencia y visión de la propia gente del campo, así que para dar inicio a la clase tomó un rotafolio y empezó a dibujar una casa y a su alrededor algunos chanchos, unas gallinas y dos vaquitas.

Con las preguntas de Cris y enfocadas en el dibujo, las mujeres fueron explicando cómo criaban sus animales, qué enfermedades eran comunes y cómo las curaban, qué razas eran mejores, el trabajo que requerían y los beneficios de cada crianza. Todo lo que decían se apuntaba en color azul y así el dibujo se iba enriqueciendo con otras cosas que salían de la charla: un abrevadero para las vacas, el camioncito que entraba en la comunidad a buscar la leche, la planta de la que se saca el aceite que cura el mal de tripas...

Al empezar estos cursos, las mujeres siempre decían que no sabían nada, que eran campesinas brutas, que sólo Cris, que era veterinaria, sabía de verdad. Pero lo cierto es que la pizarra se iba llenando de azul con los aportes de ellas. Al final, era muy poco lo que la universitaria podía añadir y siempre lo escribía en negro para resaltar ante las campesinas todo lo que sabían y todo lo que la propia Cris aprendió de ellas. Todo era cuestión de puntos de vista y las mujeres nunca apreciaban bastante su experiencia práctica, pero idealizaban la teoría de las aulas. A veces las anécdotas que salían en las clases se extendían. Esa tarde Mirita estaba explicando con detalle cómo le hizo el parto a una cerda que no pujaba. Cris ya había dibujado la cerda de parto y a la mujer ayudándola, así que siguió adornando el dibujo: unos pastos a la derecha de la casa con algunas matas de mango y chinolas, la línea del horizonte a la altura de la casa y por encima un sol caribeño de domingo, nubes y algunos pájaros dispersos.

Atenta al dibujo, doña Belicia levantó la mano para pedir la palabra y señalando la línea del horizonte del dibujo aclaró: "mire, mujer, si no nos baja la cuerda ninguna de nosotras podrá tender ahí la ropa. Yo digo que esa cuerda no va ahí".

Y así, sin escuchar a los propios implicados, el número de personas que pasan hambre sigue aumentando desde 1996. Existen 854 millones de doñas Belicias que están levantando la mano, que tienen enfoques diferentes, fuera del economicista neoliberal que nos envuelve y que no nos deja ver, para un combate que les pertenece.

Hoy 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, la mano de estas personas se levanta para reclamar de nuevo que la alimentación sea abordada como corresponde: un derecho humano, y así lo vienen expresando desde hace años en boca de la Via Campesina o recientemente en el Encuentro Indígena Mundial:

"Sustituir los actuales modelos de desarrollo basados en el capitalismo, en la mercancía, en la explotación irracional de la humanidad y los recursos naturales, en el derroche de energía y en el consumismo, por modelos que coloquen a la vida, a la complementariedad, a la reciprocidad, al respeto de la diversidad cultural y el uso sustentable de los recursos naturales como las principales prioridades. Aplicar políticas nacionales sobre soberanía alimentaria como base principal de la soberanía nacional, en la cual la comunidad garantiza tanto el respeto a su propia cultura como espacios y modos propios de producción, distribución y consumo en equilibrio con la naturaleza de alimentos sanos y limpios de contaminación para toda la población, eliminando el hambre, porque la alimentación es un derecho para la vida".

Concretando, esa cuerda no va ahí.

 

 

 

Flexibilidad laboral y precariado

 

Matteo Dean

Seminario de Economía del Trabajo y nuevas tecnologías

 

Con precariado queremos señalar que la precariedad laboral, definitivamente asentada por la temporalidad contractual en puestos que hasta hace poco contaban con contrato por tiempo indeterminado, se asocia cada vez más con la precariedad de los derechos laborales y sociales. Si aceptamos que la afirmación de los derechos sociales, en la materialidad de los servicios ofrecidos por el Estado (en la trayectoria formación, trabajo, descanso), en época fordista por medio de las medidas de corte keynesiano, estaba íntimamente ligada a la existencia de contrataciones y relaciones laborales estables, entonces podemos afirmar que la temporalidad en las condiciones arriba descritas se traslada a la sociedad convirtiéndola en sociedad temporal. Lo que algunos sociólogos llaman "sociedad de lo fugaz" no es entonces sólo la sociedad de los deseos fugaces, intermitentes, saltuarios. Sino que es también la sociedad de los derechos fugaces, intermitentes y saltuarios. En esta sociedad nosotros ubicamos al precariado como aquel sujeto transversal y multifacético que comprende ya no sólo al trabajador sino a cada individuo que entra en algún momento al mundo del mercado laboral: una multitud molecularizada que trabaja y vive de forma precaria, sin garantías laborales, pero tampoco sociales. [...]

No es casual, según nosotros, que a la flexibilidad haya quienes le llamen precariedad. La flexibilidad laboral ha sido a lo largo de estos años demasiadas veces sinónimo de precariedad laboral, desbaratamiento del trabajo, ataque a los derechos de los trabajadores, abuso empresarial. La misma unidad sindical se ha visto gravemente cuestionada por la nueva forma del trabajo: ya no existe, o tiende a desaparecer, la figura del trabajador masificado, que se podía fácilmente organizar y sindicalizar. Hoy existe un universo de trabajadores, de todas edades y extracciones sociales, que se encuentra solo frente al enorme poderío empresarial y del capital, en general. Las anunciadas reformas laborales que el actual gobierno quiere realizar pueden prefigurase como una, no la única, ocasión para generar el debate necesario para resolver la actual situación. El debate en el mundo sindical más democrático y auténtico resulta interesante, porque las posturas que ahí se plantean –cada quien por su lado– tienen temas de interés colectivo. Las dos posturas, la más conservadora, que busca dejar inalterada la actual legislación laboral mexicana, y la más abierta, que propone aprovechar la coyuntura para aportar modificaciones ventajosas para el trabajador, resultan interesantes. La primera porque se pone de forma resistencial frente a reformas que casi seguramente apuntarán a aventajar, una vez más, al capital frente al trabajo. La segunda porque busca aprovechar un debate (que se irá dando conforme avancen las propuestas por parte de la clase política mexicana), para introducir propuestas hechas por y para los trabajadores. Sin embargo, ambas sufren limitaciones importantes. La primera por correr el riesgo de no ver las radicales modificaciones que el mundo del trabajo ha sufrido, por la vía de los hechos, en sus formas. La segunda por el riesgo, posible y quizá muy probable, de llegar a concertaciones y mediaciones que permitan ciertas modificaciones dañinas para el trabajador a cambios de otras más benéficas. En suma, por un lado corremos el riesgo de no querer ver los cambio sucedidos en el mundo del trabajo, por el otro arriesgamos de aceptar que tales modificaciones se queden tal cual con todo y sus consecuencias nefastas.

Sin embargo, quizá hablar de estas posturas puede resultar estéril, puesto que, según datos oficiales de la Secretaría de Economía, tan sólo 19% de los trabajadores formales mexicanos (cerca de 18 millones) están sindicalizados.

Es para nosotros importante entonces mirar a ese sujeto que llamamos precariado que comprende a los trabajadores sindicalizados, pero también a los no sindicalizados y a los que entran a la llamada economía informal. Con este sujeto dejamos de hablar sólo de derechos laborales y probamos a hablar de derechos sociales o derechos de ciudadanía. Para hacer esto, hay que romper ese vínculo keynesiano entre trabajo y derecho, entre contrato de trabajo y acceso a la esfera del derecho social. Y comenzar a pensar que todo ciudadano tiene que gozar de derechos sociales cuales la formación, el trabajo (o más bien el rédito), el descanso (o más bien el rédito de descanso), pero también la salud, la vivienda digna, etcétera.

Por lo anterior, creemos posible "darle la vuelta a la tortilla" y probar a observar la flexibilidad laboral no como un problema, sino como una posible vía de fuga de la esclavitud del trabajo asalariado. Quizá podamos probar a mirar la flexibilidad que se traduce en tiempos parciales de trabajo, en movilidad, en adquisición de saberes y valorización de los mismos, en explotación de la cooperación social, como ocasión para acercarse al libre goce de la vida, asociando al concepto mismo de flexibilidad el de seguridad social. Un nuevo concepto que no niega la flexibilidad, que no busca conservar lo existente, sino que aprovecha la flexibilidad para alcanzar una nueva seguridad social desligada del trabajo y ligada íntimamente a la vida productiva de cada individuo.

 

 

¿Quién pagará el déficit del mundo desarrollado?

 

Ricardo Arriazu

Economista

 

En un reciente discurso, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Ben Bernanke, atribuyó los crecientes desequilibrios que registra la economía mundial (déficit externo masivo en los EEUU, su contrapartida en los excedentes externos de muchos países emergentes, y una tendencia declinante de las tasas reales de interés de largo plazo), a un exceso de ahorro mundial, en particular en los nuevos países industrializados asiáticos.


Sin embargo, en mi opinión, la información estadística no parece validar totalmente esta hipótesis. De acuerdo a los datos publicados por el FMI en su informe sobre las "Perspectivas Económicas Mundiales", la tasa total de ahorro mundial del año 2006 fue del 22,8%, nivel superior al promedio de los últimos diez años, pero inferior al de los últimos 45 años.


Este nivel fue superado en 18 oportunidades desde el año 1970, incluyendo el ciclo positivo 1976-1980 (muy similar al actual), durante el cual promedió el 24%. No obstante, los promedios mundiales esconden importantes diferencias entre países.


Mientras que durante el ciclo favorable de la segunda mitad de la década de 1970 el conjunto de países industrializados mostraba una tasa de ahorro del 19,4%, en el actual ciclo dicho promedio sólo alcanza al 15,7% del PIB. Esta caída en los niveles de ahorro es bastante generalizada, pero las disminuciones más importantes se registraron en los EEUU y en Francia (con caídas superiores a 6 puntos del PIB).


Como contrapartida, la tasa de ahorro promedio de los países asiáticos recientemente industrializados se elevó aproximadamente del 28% al 31% del PIB, y la del resto de los países emergentes del 26% al 32% del PIB. Dentro de este grupo de países se destacan los países del Oriente Medio cuya tasa de ahorro fluctúa violentamente con el precio del petróleo (42.6% en 1980, 7.8% en 1991, y 40.4% en 2006). Durante este período la contribución de China al ahorro mundial se elevó del 0.87% al 2% del PIB mundial.


Estas cifras muestran que los niveles de ahorro de los países emergentes fluctúan con los precios de las materias primas, y que en la actualidad estos países (en particular China y los productores de petróleo) están financiando el exceso de gasto de los países industrializados, en particular el de Estados Unidos.


En su discurso, Bernanke enfatizó que si bien el déficit en las cuentas externas de los EEUU había crecido del 1.6% al 5.5% del PIB (de 125 a 640 mil millones de dólares), este desarrollo no podía ser atribuido exclusivamente a la caída en la tasa de ahorro de los EEUU puesto que estos desequilibrios sólo pueden existir si alguien está dispuesto a financiarlos.


Como en este mismo período las cuentas corrientes agregadas de los países emergentes pasaron de un déficit de 80 mil millones de dólares a un superávit de 300 mil millones, Bernanke llega a la conclusión de que existe un "exceso de ahorro" en estos países y que son los que generan los desequilibrios mundiales, justificando este razonamiento por la reducción de las tasas de interés reales de largo plazo.


Contablemente es bastante claro que, a nivel global, los desequilibrios de un país deben tener como contrapartida desequilibrios de signo inverso en otros países (las exportaciones de un país son importaciones de otros). Sin embargo, no es tan sencillo determinar dónde se originan estos desequilibrios. Casi siempre "se necesitan dos personas para bailar un tango", pero no siempre es claro quién lidera.


Algunos datos contradicen los argumentos de Bernanke. Si bien es cierto que la contribución de los países emergentes al ahorro mundial se elevó del 6% al 7.4% del PBI mundial desde 1996, también es cierto que durante el ciclo 1976-1980 la tasa de ahorro de estos países era equivalente al 9.3% del PIB mundial.


A pesar de esta elevada contribución al ahorro mundial, ni la tasa de interés real ni el desequilibrio en cuenta corriente de los EEUU alcanzaban en ese entonces los niveles actuales. Más aún, la violenta reducción posterior de la tasa de ahorro de los países emergentes (su contribución al ahorro mundial se redujo a un mínimo del 4.7% en 1992 como reflejo de la caída de los precios mundiales de las materias primas) tampoco se reflejó en una gran mejora de las cuentas externas de los Estados Unidos.


Es importante destacar, que a partir de 1992, la contribución del ahorro de las familias al ahorro mundial en los países pertenecientes a la OECD se redujo casi en un 50% (del 8.5% al 4.7% del PBI mundial), al mismo tiempo que el ahorro negativo de sus gobiernos se incrementaba del 0.1% al 0.6% del PIB mundial, resultado del incremento en el consumo. Sin embargo, el ahorro de sus corporaciones se incrementaba del 8% al 9.2% del PIB mundial (tendencia que puede explicar el comportamiento de las Bolsas de Valores durante los últimos años).


Durante este mismo período la tasa de inversión total de los países de la OECD también se redujo del 13.3% al 11.9% del PBI mundial, concentrada casi en su totalidad en inversión no residencial. Estas cifras parecerían reflejar un deterioro en la distribución del ingreso en estos países (en coincidencia con el auge de las exportaciones industriales chinas) y una tendencia a incrementar el consumo en base al endeudamiento.


No sería justo terminar esta columna sin una referencia a las importantes mejoras que se registraron durante este período en materia de inflación y de desequilibrios de las cuentas públicas de los países emergentes en general, y de América Latina en particular.


La inflación mundial se redujo del 17% a sólo el 3% entre 1980 y 2007, al mismo tiempo que la inflación en América latina se reducía del 65.9% al 5.2%. Las cuentas públicas de la región también mostraron importantes mejoras al pasar de un déficit importante a un superávit.

 

 

EEUU se perfila hacia una crisis social

 

Roberto González Amador

La Jornada

 

Estados Unidos se perfila hacia una crisis social. Es James K. Galbraith, autor prolífico, académico, economista cercano a los círculos influyentes del Partido Demócrata y, el apellido lo identifica, descendiente de John Kenneth Galbraith, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. "Conozco bien las crisis financieras y ahora es la primera vez que, en forma integral, una crisis afecta a la clase media estadounidense", comenta.

James K Galbraith, profesor de la Universidad de Texas en Austin y presidente de Economistas por la Paz y la Seguridad, se refiere a la administración de George W. Bush en la Casa Blanca, de la que ha sido crítico agudo: Con la economía en fase de desaceleración pronunciada y el dólar perdiendo valor como moneda de referencia, "una nueva guerra" es vista como una opción por los círculos más conservadores para salir del atorón económico. "La posibilidad de que el círculo de poder en Washington emprenda otra aventura militar, quizá en Irán, es una pregunta abierta", dice.

El profesor Galbraith se encuentra en México desde el sábado pasado. Sobre el país ha estudiado los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y en particular los relativos a la estructura de los salarios industriales en los tres países firmantes del acuerdo.

El año pasado dedicó varios de los artículos que publica en The Guardian a argumentar en favor del recuento de votos reclamado por la coalición de izquierda. Ahora está aquí para ofrecer dos conferencias, una, este lunes, sobre el pensamiento de su padre, en el postgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México; la otra, el próximo martes en la unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana en el marco de la Semana de Economía organizada por la institución.

En declaraciones a La Jornada, Galbraith considera que la crisis derivada del aumento de deudas impagadas en el sector hipotecario de Estados Unidos, que se ha extendido a instituciones europeas, no tendrá un final pronto. "Va a durar entre 18 meses y dos años. Sobre todo porque las compañías que tienen en sus portafolios papeles de empresas inmobiliarias se van desprendiendo de ellos paulatinamente, no lo hacen de inmediato sino de manera gradual".

Esta crisis en el sector inmobiliario de EEUU se presenta en un momento en que la economía enfrenta crecientes déficit fiscal y en la cuenta corriente, de más de 800 mil millones de dólares. ¿Cuál puede ser el resultado de la combinación de estos factores?

Básicamente lo que va a afectar es el valor del dólar. No creo que el Congreso se atreva en estos momentos a realizar un recorte fiscal poderoso. Gran parte de la crisis se debe al alza en la tasa de interés de hace algunos años. Ahora la Reserva Federal ha debido bajar su tasa de interés. Todo esto afecta el valor del dólar.

¿Habrá una reducción del gasto militar de Estados Unidos?

Los gastos militares se van a mantener debido a la presencia de Estados Unidos en Irak. Lejos de disminuir, los costos tangenciales, como son el regreso de los militares, que hay que tratarlos, etcétera, significarán un incremento. En lugar de disminuir, preveo que va a aumentar.

En algunos círculos académicos se comienza a hablar del declive del dólar como moneda fuerte y de la aparición de otras divisas, como el euro.

Es muy temprano para hacer las exequias del dólar. Todavía no se ve con claridad que vaya a perder su relevancia. Porque el alza del euro también afecta a las economías de la Unión Europea e incluso de quienes no están en el sistema del euro, como Gran Bretaña. Entonces, el problema de la próxima administración de Estados Unidos es cómo va a estabilizar este desequilibro, pero no veo de inmediato la caída abrupta del dólar.

En noviembre pasado, James K. Galbraith publicó Unbearable cost: Bush, Greenspan and the economics of the Empire, que en traducción libre podría ser: "El costo insoportable: Bush, Greenspan y la economía del Imperio", en la que traza un crítico y agudo perfil de la administración federal estadunidense, de la economía de guerra que siguió a los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington DC. Se trata de una serie de ensayos en los que apuntó rasgos de la historia de la presidencia de Bush en el momento en que ocurría, como se reseña en la cubierta.

Los temas tocados por los ensayos van desde el fallo judicial que llevó a Bush a la presidencia de Estados Unidos –hecho que Galbraith comparó el año pasado con el fallo judicial que dio la presidencia a Felipe Calderón en México–, a los efectos de los atentados de septiembre de 2001 y la guerra de Irak, y la construcción de lo que ha identificado como una "república corporativa".

En la entrevista con este diario, mediada y atestiguada por Alfredo Jalife, profesor universitario y articulista de La Jornada, Galbraith toca algunos de estos temas.

¿En EEUU habrá una desaceleración económica o se anticipa una recesión?

El país no está en recesión, pero hay una desaceleración significativa. La economía se ha estado manteniendo por deuda y por el sector de bienes raíces, las hipotecas, que han hecho funcionar el consumo. Lo que pasa es que al bajar los bienes raíces va a afectar el consumo, y eso es lo que está provocando la desaceleración. Hay gente que cree que esta carencia puede ser contrarrestada o compensada por las exportaciones, pero yo soy escéptico, a pesar de que el dólar está en un nivel bajo. Otra guerra podría cambiar la situación.

¿Es una economía de guerra?

Si van a otra guerra puede ser que cambie la situación.

¿Considera que existe esa posibilidad?

La posibilidad de que la administración de Estados Unidos emprenda una nueva guerra es, se puede llamar así, una pregunta que está abierta. Yo estoy escéptico también sobre la posibilidad de una guerra en Irán, pero no es un asunto que esté fuera del debate. El sector militar está en contra de la guerra; los generales, paradójicamente, se oponen. Está en contra el secretario de la Defensa, pero el vicepresidente (Dick Cheney) está a favor.

¿Quién va terminar decidiendo la guerra?

Ésa es una muy buena pregunta. Hay que preguntarse quién gobierna EEUU en este momento.

¿Quién gobierna?

No estoy lo suficientemente cerca del emperador para saber qué pasa en la corte.

La administración Bush tomó el gobierno con una economía en crecimiento y superávit fiscal. ¿Quiénes han sido los ganadores y los perdedores de esto que ha llamado "república corporativa"?

En la administración Bush es muy claro. Los mayores ganadores han sido los contratistas del gobierno, los sectores militares y los que están ligados a los organismos de inteligencia. Hablando en general, lo que se conoce como el cinturón alrededor de Washington DC. También están los sectores inmobiliarios, empresas como Halliburton, las compañías petroleras y el sector financiero. Hablando de los perdedores, en los últimos cinco años han sido los sectores de información y tecnología, que estaban muy altos y se colapsaron. Ha habido un declive relativo en Silicon Valley (la región entre San Francisco y San José, California, sede de varias de las empresas tecnológicas más importantes).

¿Qué pasará con la clase media EEUU?

La clase media había aguantado debido al auge del sector inmobiliario. Ahora viene la crisis de la clase media, es lo que sigue. La construcción de la clase media en EEUU está basada en el crédito y este crédito lo están obteniendo por las hipotecas del sector inmobiliario. La clase media se sostiene con créditos para la universidad, para adquirir casa, préstamos para ir de vacaciones. Podría haber una insostenibilidad del sistema que se ha creado en los últimos 40 o 50 años si se seca el sistema crediticio que le llega a la clase media.

¿Es el fin del conocido como sueño americano?

Conozco bien las crisis financieras, tengo tiempo observándolas. Trabajaba en Chrysler en Nueva York, cuando ocurrió la crisis de México en 1982. Vi la crisis de las instituciones de ahorro y préstamo en EEUU (que tuvo un costo mayor al Fobaproa de México), la crisis rusa, la asiática. Es la primera vez que en forma integral una crisis afecta a la clase media estadounidense. Es más difícil de manejar y más desafiante, debido al tamaño de la economía de EEUU. Se conocen los instrumentos para manejarla, son factibles, pero no se sabe en estos momentos si van a ser efectivos.

¿Cuáles son esos instrumentos que menciona?

Los pasos inmediatos vienen en dos áreas. Una es relativa a la crisis de las instituciones financieras, que ya se atiende con acciones como el movimiento de las tasas de interés por la Reserva Federal y la inyección de liquidez al sistema. La pregunta es qué va a pasar después. Se perdieron miles de millones de dólares en créditos. La otra es la que afecta a la clase media y a la clase media baja. La pregunta es si se mantiene a la gente en sus casas y se sostiene el consumo; hasta ahora no se ha hecho nada para eso. Creo que en los siguientes dos años no se va a hacer nada.

¿Puede haber una crisis social?

Sí, es posible que haya una crisis social en EEUU. Puede volverse una crisis social muy seria. Vamos a ver más gente sin hogar y mayor número de quiebras bancarias.

¿Habrá expulsión de trabajadores que no tienen documentos migratorios?

No lo creo. Esta crisis va a golpear mucho a la población afroamericana que acaba de mudarse de casas rentadas a otras que adquirieron con hipotecas. No creo que afecte esto a los mexicanos, quizá a algunos, pero no es la mayoría. Los mexicanos que trabajan viven en casas rentadas, tienen casas temporales.

James K. Galbraith ha dedicado parte de su actividad académica a estudiar la desigualdad en la sociedad EEUU y la forma en que se ha desmontado el sistema de seguridad social en ese país, tema que aborda con amplitud en el libro publicado el año pasado.

"Hay dos importantes dimensiones en EEUU sobre la desigualdad", comenta en la entrevista. La más destacada es la relacionada con el pago en los salarios, que disminuyó en los años 90 del siglo pasado porque hubo empleo pleno, dice. En la base de la pirámide trabajaban más horas y tenían pagos de tiempo extra, entonces los trabajadores ganaron relativamente. "En 2001 eso se acabó y ha estado estancado; se ha complicado".

La otra dimensión de la desigualdad tiene que ver con los ricos-ricos. "Es muy simple: vea la bolsa de valores, cuando sube, la desigualdad empeora. En los años 90 los altos ingresos virtualmente estaban concentrados en cuatro pequeños condados: tres estaban en Silicon Valley, y el otro en Seattle (la sede de Microsoft); era asombroso. Si se eliminaban esos cuatro condados, no había mejora en los ingresos. Es un fenómeno de ultraconcentración".

En los últimos cinco años, añade, han mejorado las empresas del sector militar. Si una nueva guerra ocurre, plantea, es muy sencillo determinar quiénes se van a enriquecer. En esta perspectiva, comenta:

"El presidente Bush representa al Estado trasnacional corporativo. Es el hombre de paja profesional, así lo describiría, es un experto en relaciones públicas. Representa lo más limitado del conocimiento de EEUU. Casi nadie apoya esta situación, salvo el Estados Unidos corporativo. Ronald Reagan, por ejemplo, tenía su base de apoyo. Incluso los cristianos republicanos de Carl Rove –el superasesor defenestrado este año– son insuficientes para sostener al Partido Republicano. Lo más interesante es que el Partido Republicano se está volviendo un partido del sur profundo, sin base en el resto de EEUU. Es muy probable que se vea una supermayoría en el Senado para el Partido Demócrata".

Remata: "Para que el sistema estadounidense quede estable se requiere un ambiente multilateral estable y además que sea predecible. Y la política exterior de la administración Bush, que viene de los aspectos mas agresivos de la guerra fría de los años 50 y 60, lanzando guerras preventivas y abandonando el marco de la diplomacia multilateral, finalmente ha demostrado los límites del poder militar, que han puesto en peligro la economía de EEUU."

 

 

 

 

 

 
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