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16 de octubre de 2007 77
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Análisis de situación
Otto Pérez pendiente de ganar con decisión dividida
Con la táctica de los boxeadores que pegaron desde el inicio de la contienda para sumar puntos, Otto Pérez Molina, general retirado, optó desde la segunda ronda por abrazar, aprisionando a su rival, Álvaro Colom, con el fin de mitigar sus golpes. Lo ha logrado y ahora sólo espera que la decisión dividida de los electores el próximo 4 de noviembre le favorezca por haber tenido un mejor desempeño en la campaña.
Aunque todas las encuestas de los medios le dan a Pérez Molina una ventaja sobre Colom, la apreciación de los expertos en el terreno que consultó Informe Guatemala, es que la elección será muy apretada y por ahora hablan de un empate técnico. Cuestiones aparentemente menores, consideran, pueden decidir la suerte sobre quien será el próximo gobernante. Por ejemplo, que las clases medias de la capital aprovechen el extenso asueto de cinco días, que inicia el 1 de noviembre, se retiren a descansar a la playa y lleguen tarde a las urnas para favorecer, la mayoría de ellos, a Pérez Molina. O que Colom logre el transporte de unas decenas de miles de electores en el interior, rompiendo la tradicional apatía de las zonas rurales en segunda vuelta.
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Después de cinco semanas de campaña para la segunda vuelta electoral, lo notorio es que Álvaro Colom, el candidato que ganó con casi cinco puntos la primera vuelta, pero con una tendencia hacia la desaceleración en la intención del voto, no logró encontrar su eje comunicacional. Ciertamente fue ahora más agresivo buscando asociar a Otto Pérez con el autoritarismo y la violencia de los años 80, y envió mensajes alternativos, como que "la violencia se combate con inteligencia", pero la percepción de los especialistas consultados es que la calidad de su campaña siguió siendo baja, y errática en su orientación.
Otto Pérez ha sido más efectivo en la comunicación y hasta desarrolló, en esta etapa, dotes de orador y ciertas capacidades histriónicas, campos en los que era limitado. Además, la impresión que trasladan las encuestas de los medios, de que es un candidato en irrefrenable ascenso, le ayudó a atraer financiamiento. Pareciera que el dinero de campaña pasó de uno a otro candidato, pues justamente el equipo de Colom se ha quejado de escasez de financiamiento. "No tenemos la plata para hacer un buen cierre de campaña", confió uno de ellos.
Colom hizo esfuerzos para reorganizar su comando de campaña y cerró acuerdos con varias fuerzas políticas locales –como los líderes del partido Unionista que son fuertes en la capital, o personalidades conservadoras, entre ellos Francisco Bianchi, cercano a iglesias neopentecostales también influyentes en zonas urbanas- y con el oficialista partido Gran Alianza Nacional –a través del ex ministro de Comunicaciones Eduardo Castillo y del ex candidato a la alcaldía Roberto González, segundo tras el alcalde reelecto Álvaro Arzú- quienes se comprometieron a levantar un trabajo de apoyo discreto pero efectivo. Pérez Molina, hizo más o menos lo mismo pero con líderes disidentes de esas fuerzas, incluyendo al ex candidato Alejandro Giammattei que, según fuentes de su partido, Gana, quebrantó la organización para apoyar al general retirado con el sólo propósito de despejar su propia candidatura para el 2011. O sea, de ganar la elección el general retirado el candidato mejor posicionado para las próximas elecciones sería Giammattei.
A Colom le afectó no transmitir claridad de objetivos a su equipo ni al electorado. Y quizá por eso el desánimo ha persistido en sus filas; además, sigue teniendo renuncias. El encargado de estrategia contratado, Hugo Peña, se separó (fuentes de la UNE dicen que sus exigencias eran insoportables); luego salió su encargado de estrategia, José Carlos Marroquín –hijo del propietario del diario La Hora, Óscar Clemente-; más tarde se apartó o fue expulsado un diputado electo, que fue parte del Gobierno de Berger, el académico Víctor Montejo. Y han corrido insistentes versiones sobre que el diputado Manuel Baldizón, quien tendría aspiraciones presidenciales en 2011, lidera un grupo de quince diputados electos dispuestos a salir de la UNE.
Parecen los efectos de un triunfo que se daba por seguro, y que desde septiembre comienza a padecer Otto Pérez. Ahora se ha filtrado a la opinión pública que el Comité Ejecutivo del Partido Patriota está dividido por pujas de poder, que se entremezclan con rivalidades personales. Alejandro Sinibaldi, que compite con Roxana Baldetti por el control del partido después de Pérez Molina, es aliado de Rosa Leal de Pérez, esposa del candidato. Y entre Baldetti y Leal de Pérez no hay buenas migas. Por otro lado, las muertes violentas de un coronel retirado, Giovanni Pacay (28 septiembre), experto en inteligencia y antiguo colaborador de Pérez Molina, y de su secretaria, Aura Salazar, y de un ex custodio, Valerio Castañón (8 octubre), ahora seguridad de la Presidencia de la República, abrió muchas interrogantes. Pérez acusó de esas muertes a Colom, y éste regresó el balón diciendo que se trataba de purgas internas. En fin que el dato que transmitieron estas tragedias fue que ni siquiera los cercanos a "mano dura" eran indemnes a la violencia criminal que azota al común de guatemaltecos.
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Las encuestas de los medios dicen que Pérez Molina está entre dos y cinco puntos encima de Colom. Los datos se sostienen en un presunto cambio de la intención de voto en un par de regiones del interior del país que la UNE ganó el 9 de septiembre y, desde luego, en la primacía del Partido Patriota en la capital y los municipios del departamento de Guatemala. Sin embargo no hay datos cualitativos que revelen ese cambio de la inclinación del voto en el interior, sobre todo en regiones indígenas que, de plano, están con Colom, incluso en departamentos como Sololá donde ha sido pública en el último año la eliminación de delincuentes a través de operativos de "limpieza social", contratados por comerciantes y gente pudiente de esa zona.
Ahora bien, desde el punto de vista de estrategia efectivamente Pérez Molina sigue aventajando a Álvaro Colom. Tiene un mensaje más asequible y dinámico en su producción, además, evidentemente, es más intenso en los medios electrónicos que son, a fin de cuentas, los que más penetración tienen en la población. El mensaje de Colom, empero, ha tenido audiencia entre cierto público que tiene memoria de las arbitrariedades y abusos de poder del periodo militar, pero también de gente que siendo conservadora le desagradan los militares. Este público resume así su postura: mejor, más de lo mismo, que un personaje impredecible.
La comunidad internacional, en contraste con las últimas tres elecciones, no ha tenido beligerancia esta vez. Ha trascendido, sin embargo, que Estados Unidos, con George W. Bush, vería con agrado un Presidente, como Otto Pérez, que prioriza los asuntos de seguridad, aunque podría también trabajar con Álvaro Colom. Los europeos, en cambio, preferirían a Colom, aunque tampoco están indicando que Pérez Molina sea el equivalente de Ríos Montt, señalado como responsable de actos genocidas. Lo que ellos se preguntan es ¿por qué Guatemala vuelve a los militares?, los mismos que trató de sacudir al inicio de la transición democrática en 1985, favoreciendo las opciones de centro. En Centroamérica todos, salvo Antonio Saca de El Salvador, prefieren a Colom; igual en Sudamérica, con la excepción de Álvaro Uribe de Colombia. México no parece tener preferencia, sólo quiere oír cómo se cuidará la porosa frontera común.